Las ventanas se cierran y empieza el bailoteo de las cosas huecas. De lo intrascendente a lo que te agarras para no verte vacío. Las batallas son un buen pasatiempo cuando nada llena lo suficiente. Y huyes de la realidad hacia la realidad paralela que tú mismo te has creado, alrededor de esa confusión reconfortante donde tu espada difumina su empuñadura. Y los daños colaterales son dogmas. Ignorante. Eso no importa en un sueño que ya no puedes soñar. No dejas vivir ni vives. Porque ahora ni siquiera eres tú.
Lástima. Estás encadenado y, además, lo sabes.

detrás una mascara, puede esconderse el rostro mas irreconocible concebido a dubitar entre la paradoja de la realidad, y lo imposible de soñar
Publicado por: JosedeNoche | 1 de julio de 2008 en 22:41