Y resulta que todo puede ir aún más allá.
Que la lejanía que guardo se expande en progresión hacia lo que no controlo. Me pregunto si el destierro es infinito. Si tú sólo eres la canción de Rice y mis horas contigo. Si yo sólo soy horas y frustración. Si estoy equivocada y este raquitismo de sentirte tiene algún punto de inflexión que aún no conozco. Puede que este dolor permanente en la boca del estómago sea de tanto retorcerme para que la ausencia de ti no me tumbe y me haga morder fondo. Masticar recuerdos no alivia, se me incrustan en la garganta y me infectan. Te necesito en líquido, derramado entre mis comisuras. A falta de eso, reclamo tus manos de sal para que vuelvan a hurgar en la herida que aún sigue abierta, macerada todo este tiempo en lo que me falta de ti. El destello de luz justo en el medio de las noches paupérrimas de ternura, como ésta, donde el cristal se hace opaco, de humo, sin el límite de tu sonrisa.
Una y otra vez regreso a la esquina donde me di de bruces con tu mirada. Ni la esquina ni yo somos las mismas. Debe ser que tu mirada tampoco. Y te odio. A tí y a tu mundo que ya no es éste donde yo difícilmente respiro, haciéndome pez y cosiendo mi boca al margen de lo que escribo. La madrugada pierde su forma, se hace asterisco inútil y todo el silencio se hidrata y se pudre persiguiendo tu frontera.
Hay ciclones... tormentas en el borde de las sienes que no consiguen arrasar todo lo que echo de menos... mucho más allá de lo que nunca he tenido...
El resto lo arrugo... hago una pelota y me lo trago...
Equilibrista M.

No desaparesca...
Publicado por: Aldebaran | 30 de abril de 2007 en 9:42