Hay silencios, horas dilatadas en miseria donde tú no habitas. Existe también el cuadro imposible, la amnesia de la carne, la pereza del estar sin ser. Soy un hueco hidratado y elástico, macerado en la última lágrima del crepúsculo imaginario que te guarda siempre. Un enorme agujero de soledades incrustadas en mucosa que sólo claudican inermes bajo el reflejo de tus lunas.
Te busco, no para encontrarte, sino para que me encuentres. Espío a través de los corazones herméticos, de la esclavitud alquilada o de la libertad en burdel. De la palabra. Escudriño la caricia en oleada de huracán o de tormenta implacable, hasta que me pierdo en el latido desbocado intermitente, tan sólo para sentirte en mi espalda.
Hablo de ti. Del misterio que me diluye en esferas desde tu mirada. O del vacío encadenado en mis venas hacia el ensueño.
Y podría ser que te dibujara en neón fosforescente al pie de mi cama...
O podría ser que fuera cualquier otra cosa...
Equilibrista M.

