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Canción Impertinente...

Pez2_2

Sigo aquí,
contando ovejas al dormir
y, al despertar

sigue ahí,
el mundo entero sigue ahí,
como cuando estás perdido
en cientos de ciudades,
como un grupo de turistas
en playas olvidadas.

Sigo aquí,
en algún lugar oscuro
entre tú y yo,
donde a veces
el miedo nada como un pez
entre mis brazos.
Te quiero en medio de los días
y te quiero cuando duermo,
te quiero a ti cuando no estás
y las calles son más frías.

Sigo aquí,
esperando algún milagro
de vez en cuando.
Cuando no estás
hay días demasiado largos,
cuando no estás.

Todas mis canciones están hechas
de miedo a perderte.
Todas mis respuestas se han perdido
en algún lugar oscuro.

"En algún Lugar Oscuro". Diego Vasallo.

20050605

Y entonces una ya no es una, si no es con los lugares que habita...

... y lo reitero.

Calamar de Cristal

Siempre le duele. Cree que su rosario de fracasos ha conseguido inmunizarle la emoción y el sentimiento. Se siente protegida contra ataques a traición. Contra emboscadas. Marina quiere hacerme creer que lo sabe casi todo. Pero resulta que su estómago necesita una dosis diaria de protector especial para digerir lo que le pasa. Dosis que siempre le falta -o toma a destiempo- porque anda de aquí para allá regalándose a los impulsos. Dejándose llevar por la intuición o las ganas. Pero el desprecio duele en punzada aguda. Como el chirrido ronco de las puertas. Esas que se le abren con manojos de sonrisas colgados en los pomos y que, justo antes del paso interior, se le cierran de golpe en la naríz. Sin gestos, sin sonrisas, sin nada. Puertas que le rompen en dos la mandíbula y el saludo en la décima de segundo en la que se pregunta a sí misma si realmente está. Porque se ve transparente. Calamar de cristal, dice. Algo que no es. Que no se nota.
Y eso duele. Aunque ya no salga de casa sin el rosario anudado en el alma. Aunque decida girarse y caminar hacia otro lado palpándose las costillas, las nalgas o la nariz amoratada para ver si es o no, sabiendo que ya no permanece, mientras la huella de su interrogante se graba a cincel en la superficie rugosa y áspera que, ahora, le queda a la espalda.
Hay ojos demasiado sensibles.
Ojos que se elevan sobre los umbrales.
Serán ojos superlativos, Marina.
O gente que, en lugar de caminar, levita y no ve nada.
Sí, serán...

Catarata

Hay espacios que parecen quebrarse, derretirse o descomponerse con tan sólo rozarlos. Y entonces llega la duda, la llamada al por qué que no obtiene respuesta. Y el miedo a equivocarte en conclusiones precipitadas. Y esperas. Y te provocas el vómito para deshacerte de los pensamientos que te atormentan por no saber, por no entender. Por no tener la oportunidad de aclarar lo que percibes. La caricia es sincera. Y todo desaparece tras sus ojos. Incluso él. Que tiene el miedo incrustado en la garganta. Miedo a desdibujarse del paisaje que ocupa. El lugar donde se expande. Imperios de todo. Trabajo, letras, amigos, cama y lo demás. Imperios vulnerables regados en humo, en alcohol y lágrimas cuando cae el telón, para poder caminar a tientas sin ir más allá de la frontera. Caminar en círculos o espirales que le devuelvan al punto de partida para no perderse o para encontrarse de nuevo tan sólo un paso antes de la arena movediza, recomponerse en dragón implacable y volver a empezar derramando toda su estructura, en gotas, sobre el deseo ninguneado a conciencia tiempo atrás. En gotas lentas que se evaporen antes de la catarata. Y sobrevivir. O eso dice. Porque no se puede negar la evidencia. Ni el calor de sus manos. Ni las ganas en su mirada. Ni la protección que me brinda. Ni lo que, desde hace tiempo, me provoca. Aunque duela.
"Ciascun si fascia di qual c'egli è incenso"

Desorden

Gris. Tejer puentes hacia el lado que no existe. Ocupar sonrisas de alquiler. Preguntas. Mordiscos a la intuición. Recuerdos. La media boca a medio probar. Mirada. La mano a mitad de camino. Interferencias. Reloj de humo sin tiempo. Supervivencia. Buenas intenciones. Resultados dudosos. Conclusiones dormidas. Desvelo. Dolor de corazón. Estúpida. El roce que no empieza y no termina. La historia en el aire. Tus ojos. Lo que callas. El trampolín a tu espacio. Espera. Interferencias. Te siento. Caricia. Me dueles. Desconcierto. Medio metro convertido en siglos. Interferencias. Hielos. Calor de tu piel escondida. Tarde. Diminuta. Yo. Espalda. Monigote rojo. Chocolate. Letras. Silencio. Las agujas de tus ojos. La voz que no se escucha. El entorno desdibujado. Gesto. Lo que no imaginas. Dudas. Página imperfecta. Tirar de ti. Naríz. Pisar cristales. Sueño. Ganas. Suelo. Aparatos a contratiempo. Piel. Corto. Tan Corto. Canción y copas. Tela inconveniente. Escudo. Sangre en los labios mordidos. Cansancio. Música de fondo. Lo que vuelves a callar. Lo que escribes en el aire. Lo que dicen los ojos. Aceitunas. Deseo. Palabra. Solo segundos. Por qué. Batalla sin combate. Mimos. Nada recomendable. Lo que sabes. Momentos. Desaparecer. Manos fundidas. Preguntas. Pensar en ti. Negocio. Donde no estás. Lo equivocado. Lobos. Taburetes altos. Bellas mentiras. Cerca. Casi tan cerca. Ternura. Algo que se rompe. Lo obvio. Estoy. Fuera. Dentro. Ausencia. De nuevo miras, aunque crees que no te veo. Lo que hago. Lo que me falta. Incoherencias. Lo que sé. Mensajes que pasan de largo. A qué esperamos. Interferencias. Lo que me sobra. Café. Puertas. Noche. Amigos. Círculos que no traspaso. Otra vez tu boca. Querer. Reír. Distancia. Fluír. Estrellas. El juego en la palabra. La palabra maldita. Tierra. Dolor de cabeza. Presente. Lo imprevisible. Tacto. Etc. Tú. Lo que no te digo. 24 horas. Por dos. Desorden.

Des Conciertos

Escuchando: Missy Higgins - The Sound of White

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Escuchando: Hiromi Uehara - Legend of the Purple Valley

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... porque "yo no sé lo que digo"... mejor hoy me callo, me aburro y... pienso.

Para ti.

Juego 5º

Desnudolio_3

I. descansa a mi lado. Cerró los ojos después de posar su mano sobre mi pubis húmedo y palpitante, agonizante tras el orgasmo que me provocó su boca. Pero I. no duerme. Ronronea en mi oído y enreda juguetón sus dedos en el vello de mi sexo. Me da tirones y me hace sonreír. Entonces abre los ojos, me mira perezoso y los vuelve a cerrar mientras con voz lánguida me dispara en súplica: ”uno más... dame uno más...”.

Hinco mis dientes en sus labios antes de que termine y compruebo una vez más que no son de este mundo. El olor de mis jugos aun permanece en su sonrisa. Aspiro ansiosa y me lo bebo entero desde la frente hasta la uña del pie. Porque llegados a este punto, I. ya no es más que solución acuosa que me diluye y me precipita.

Sorbo, succiono, trago, me empapo de él debilitando las uniones de mis átomos hasta que, de un solo giro y a traición, me sube a su vientre, empuja mis caderas y me atraviesa.

Entonces yo aúllo en estertor. En rabia y sollozos que cargan sus armas para hacer que me derrita o me desintegre desde dentro, mirándome descarado con sus ojos de neón aguamarina. Él me desafía y yo me rebelo acudiendo, en olas suicidas, hacia la muerte.

Al rato, I. vuelve a mirarme con los ojos cerrados. Esta vez para desmayarnos de sueño entre los pliegues mientras su mano, sorprendentemente, deja de existir en algún punto entre el lóbulo de mi oreja y mi pezón izquierdos.

Sin Título I

Desorden2_3

Miro en mis cajones. Cada vez desaparecen más cosas. Raro. Todo estaba tan petrificado... Y el espacio que ocupaban se rellena inmediatamente de una sustancia indefinida, inexplicable.

Meto las manos. Quema y late. Es el desecho de una mirada perdida y a punto de estallar entre los vértices de vidrio y acero.

De nuevo la acaricio... Y me convierto en carne viva de preguntas...

Y tú ahora... ¿dónde estarás sin mi?

Escuchando: Katie Melua - Piece by Piece

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Laberintos

Laberinto_1

"Dos puntos que se atraen, no tienen por qué elegir forzosamente la recta. Claro que es el procedimiento más corto. Pero hay quienes prefieren el infinito.

Las gentes caen unas en brazos de otras sin detallar la aventura. Cuando mucho, avanzan en zigzag. Pero una vez en la meta corrigen la desviación y se acoplan. Tan brusco amor es un choque, y los que así se afrontaron son devueltos al punto de partida por un efecto de culata. Demasiado proyectiles, su camino al revés los incrusta de nuevo, repasando el cañón, en un cartucho sin pólvora.

De vez en cuando, una pareja se aparta de esta regla invariable. Su propósito es francamente lineal, y no carece de rectitud. Misteriosamente, optan por el laberinto. No pueden vivir separados. Esta es su única certeza, y van a perderla buscándose. Cuando uno de ellos comete un error y provoca un encuentro, el otro finge no darse cuenta y pasa sin saludar."

El Encuentro, JJ Arreola

Madrid

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