Catarata
Hay espacios que parecen quebrarse, derretirse o descomponerse con tan sólo rozarlos. Y entonces llega la duda, la llamada al por qué que no obtiene respuesta. Y el miedo a equivocarte en conclusiones precipitadas. Y esperas. Y te provocas el vómito para deshacerte de los pensamientos que te atormentan por no saber, por no entender. Por no tener la oportunidad de aclarar lo que percibes. La caricia es sincera. Y todo desaparece tras sus ojos. Incluso él. Que tiene el miedo incrustado en la garganta. Miedo a desdibujarse del paisaje que ocupa. El lugar donde se expande. Imperios de todo. Trabajo, letras, amigos, cama y lo demás. Imperios vulnerables regados en humo, en alcohol y lágrimas cuando cae el telón, para poder caminar a tientas sin ir más allá de la frontera. Caminar en círculos o espirales que le devuelvan al punto de partida para no perderse o para encontrarse de nuevo tan sólo un paso antes de la arena movediza, recomponerse en dragón implacable y volver a empezar derramando toda su estructura, en gotas, sobre el deseo ninguneado a conciencia tiempo atrás. En gotas lentas que se evaporen antes de la catarata. Y sobrevivir. O eso dice. Porque no se puede negar la evidencia. Ni el calor de sus manos. Ni las ganas en su mirada. Ni la protección que me brinda. Ni lo que, desde hace tiempo, me provoca. Aunque duela.
"Ciascun si fascia di qual c'egli è incenso"


Es ese torbellino de imágenes el que nos empuja a pasar página, a mirar lo vivido a través de un antifaz. Si no dolería demasiado, a pesar de que el dolor es inevitable. Como es inevitable levantarse, alejarse del campo de batalla y mirar a las estrellas de nuevo.
Publicado por:jesus | domingo 23 de abril de 2006 a las 13:10