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Estéril

Bluegroupdianaong Lo peor era cuando el pasillo rompía en estertor de ruedas carcomidas. Pero a la hora en la que yo resucitaba, nadie osaba morirse. Los llantos sólo eran propiedad de los que venían porque, los que se iban, ya sólo desperdiciaban líquido por esfínteres. Eso y esperanza de baja calidad en suspensión formaldehída, tan aséptica de tierra, que volaba y se pegaba al techo. Mi cuarto estaba recién pintado.

Había otros que ni iban ni venían… simplemente estaban. En aromas, en nebulosa energía que deambulaba por la planta, a veces jugando con el blanco inmaculado y otras en concierto de acero inoxidable o hablándome al oído cuando yo no escuchaba. Estos eran los peores. Diseccionaban reproches ajenos en cabezas ajenas con bisturíes afilados en forma de aliento rancio, aliento volátil, como el amoníaco segundos antes de refugiarse en el cerebro y hacerlo explotar.

Uno de ellos se acercó un día tanto a mí que mis tubos temblaron como móviles de cristal. Tal vez cambió el suero por un par o dos de almas descompuestas y en celo, tan sólo para divertirse enloqueciéndome. El caso es que después de eso pude ver mi rostro desde dentro. Y sólo entonces me di cuenta de que no estaba muerta del todo…

Por eso resucitaba cada noche intentando clavarme al techo con todas las jeringas y catéteres que me cabían en las manos. Pero en lugar de clavarme, yo ni iba ni venía.

Resucitaba, sí, pero a esa hora nadie osaba morirse.



PD/ Recuerdos de mañana...

Madrid

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